¿Somos más veloces y resistentes que el Neandertal?

Uno de los principales métodos de estudio de la paleoantropología es el comparativo. La ausencia de información directa sobre nuestros antepasados es tal, que es necesario cotejar los restos óseos de los diferentes homínidos que se van descubriendo con los del ser humano actual. De esta manera, a partir de estudios como la biomecánica comparada, se pueden comprender mejor aspectos de su existencia.

Tomando como ejemplo el aparato locomotor de dos homínidos, Neandertales y Sapiens vamos a inferir una posible teoría sobre dos de sus cualidades físicas: la velocidad y la resistencia, que pueden estar relacionadas con la extinción de los primeros.

Como punto de partida, si nos fijamos en el tren inferior de ambas especies, observamos que la posición del talón es diferente: en el ejemplar Neandertal, el talón está situado en una posición más alta que la del Sapiens.

La articulación del talón es un ejemplo cásico de palanca de segundo género, en el que el brazo de potencia siempre es mayor al brazo de resistencia, por lo que la fuerza ejercida se multiplica para poder mover nuestro cuerpo de manera más sencilla.

· En el caso neandertal, el talón era más alto, lo que acortaba el tendón de Aquiles. Ello implica una mayor estabilidad articular, pero un menor impulso hacia delante, por lo que esta disposición anatómica estaría enfocada a caminar, especialmente en superficies inclinadas. Todo ello podría indicar una mejor adaptación del Neandertal a la caza de animales grandes y lentos, propios de un clima frío, y no tanto a especies gráciles, surgidas de un cambio climático. Hay muchas teorías sobre su desaparición, y este pudo ser un factor importante.

· En el caso humano, la posición baja del talón implica un alargamiento del tendón aquíleo, que optimiza el impulso hacia delante, necesitado especialmente para una carrera. Esto posibilitaría el desarrollo de nuevas técnicas de caza por el Homo Sapiens, basadas en la carrera y agotamiento de la presa. El hombre dispone de una nueva arma: la velocidad.

Otro factor a considerar es la resistencia. Una reciente investigación de la Universidad de Arizona ha establecido una correlación entre la posición baja de un talón pequeño y la optimización energética en una carrera de fondo.

Según este estudio, los fondistas que disfrutaban esa disposición anatómica, gastaban menos energía al recorrer una distancia larga. Tomando como modelo esa estructura ósea, la compararon con homínidos Sapiens y Neandertales. La conclusión: los Sapiens de hace 100.000 años hubieran consumido casi un 7% más de energía que los fondistas actuales y los Neandertales, de talón alto, más de un 11% extra.

No hay que olvidar, por otro lado, que este estudio se mueve en concepciones actuales de rendimiento y que los esfuerzos en la Prehistoria se realizaban por necesidad, no por deporte. Es posible que Neandertales y Sapiens hubiesen necesitado correr una distancia corta, bien por persecución, bien por huida. Pero resulta más improbable que acometiesen la tarea de correr largas distancias por el alto consumo calórico que hubiese implicado en un momento de escasez.

Como conclusión, decir, por tanto que el ser humano actual es más rápido y resistente a la velocidad de lo que fue el Neandertal, tanto en distancias cortas como largas. El alto consumo calórico de este último se debe tanto a la estructura ósea de su tren inferior, problema que hemos analizado, como a su gran masa muscular. Dejaremos este último e interesante asunto para un próximo artículo.

Carlos Javier Caso Bustillo
-Licenciado en Antropología

Fuente: Journal of Human Evolution.
· http://www.journals.elsevier.com/journal-of-human-evolution/
· http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0047248410002526

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