Psicología del Deportista: “Los Objetivos”

¿Cuál es el motivo por el que te has levantado hoy? ¿Qué hace que seamos capaces de rodar y rodar durante horas sobre la bici? ¿A qué es debido que nos machaquemos con esas insufribles series? ¿Por qué te montaste ayer en el rodillo después de estar todo el día trabajando? 

Desde el campo de la psicología se dan dos explicaciones a este hecho. Por una parte realizamos acciones que nos hacen evitar castigos en caso de no ser realizadas (quién no ha hecho rodillo por remordimiento, por no perder la forma), y por otra, para obtener recompensas y cumplir objetivos (sería el caso del ciclista que sufre lo indecible para cumplir con el trabajo que le ha puesto el entrenador, quiere conseguir una meta)

Cada vez que me siento frente al portátil dispuesto a escribir un nuevo artículo para la web, pretendo cumplir mis objetivos. Esos objetivos que me propuse al enviar el primer correo a Jose para que me permitiese escribir aquí.

El primero de ellos es redactar algo que sea útil, el segundo entretener y el tercero y no menos importante, seguir aprendiendo de lo que más me gusta, la psicología, y en concreto la psicología del deporte.

Todos tenemos objetivos, algo que nos mueve, nos empuja a levantarnos cada día. Puede ser simplemente trabajar, y ganar dinero, o algo más complejo como un reto que nos exija exprimirnos, entrenar duramente y realizar todos los pasos necesarios para conseguir aquello que nos hemos propuesto.

La motivación es la base para conseguir alcanzar nuestras metas. Por tanto, ¿cómo podemos conseguir motivarnos? Muchos deportistas no se fijan objetivos de forma clara, progresan pero no saben hacia dónde, y es esto lo que diferencia a aquellos que cumplen sus metas de los que no lo hacen.

La tarea para la próxima semana será plantearnos objetivos, y en el siguiente artículo aprenderemos técnicas y ejercicios que nos ayudarán a mantener el compromiso con ellos. De momento, voy a explicaros cómo elegir los objetivos de la mejor manera posible.

Algunos de los puntos que hay que tener en cuenta para realizar una correcta elección son los siguientes:

  1. No deben ser ni demasiado sencillos ni demasiado exigentes, en el primer caso se produciría aburrimiento, y en el otro iríamos de decepción en decepción, con las consecuencias que ello conlleva.
  2. Deben depender de nuestro rendimiento, de nosotros mismos.
  3. Debemos fijar un plazo para lograrlos, una fecha límite.
  4. Deben ser formuladas de forma positiva, ‘quiero hacer un pódium esta temporada’
  5. Deben ser formulados de forma que se puedan medir. Objetivos demasiado vagos en su formulación nos impedirán dar todo de nosotros para conseguirlas, y además no sabremos nunca si realmente los hemos conseguido.
  6. Divide el objetivo, en pequeños objetivos, pequeños pasos que te llevarán al objetivo principal. Cuando hablamos de la autoconfianza, dijimos que los pequeños objetivos son los que nos ayudan a perseverar y a confirmar que estamos en el camino correcto, en definitiva, nos dan confianza.

Cuando tengamos los objetivos principales definidos veremos cómo comprometernos con ellos, cómo aumentar nuestra confianza en el trabajo que desarrollamos y cómo conseguirlos. De ello hablaré más ampliamente en el próximo artículo, de momento ¿dónde quieres llegar? ¡Manos a la obra!

Joan Sanchís Zaragoza

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