Ciclismo: El ciclista y sus adaptaciones fisiológicas (Sistema Muscular, Óseo y Articular)

Los efectos del entrenamiento sobre nuestro sistema musculo esquelético son muy importantes, evidentes y de fácil reconocimiento, tanto por el deportista, como por las personas que observan su evolución.

No es de extrañar, que los mayores efectos fisiológicos, de cara al exterior, es decir, que delatan nuestra adaptación a nuestro deporte, se den lugar en el sistema muscular.

Ello es debido a que nuestro cuerpo cambia radicalmente en algunos casos, su aspecto, volumen, tono, etc….

En innumerables ocasiones nuestros amigos o familiares murmullan, comentan e incluso directamente nos hacen llegar sus observaciones tales como: “estás más delgado, vaya gemelos que tienes, estás muy en forma, cómo te cuidas…”

Tales evidencias son debidas principalmente a:

Efectos a nivel muscular:

Las personas sedentarias acusan una evidente hipotonía muscular, es decir, carecen del tono muscular necesario para tener un aspecto atlético o deportivo.

Tono Muscular: Se trata de la contracción Pasiva, Continua y Parcial, de uno o varios músculos del organismo. También citada como Tensión Muscular Residual.

Estas personas tienen un bajo contenido en volumen muscular y su musculatura es mayoritariamente flácida.

Por el contrario, los efectos que el trabajo sobre la bicicleta implementa a nuestro organismo, permiten que, en pocas semanas nuestra musculatura se presente más densa, con mayor tono muscular y evidentemente más fuerte.

Con tan sólo 15-20 sesiones la mejoría en este aspecto es más que evidente.

El volumen muscular también se ve modificado.

Sencillamente, nos estamos adaptando a unas nuevas condiciones, y el ejercicio le sirve a nuestro organismo como estímulo para su propia mejora.

Efectos a nivel óseo:

Una de las características principales de la condición del deportista es que cuando existe un estímulo, una acción, inmediatamente viene implícita una reacción.

Esto sucede con nuestro sistema musculo-esquelético.

Una vez detectado por nuestro organismo, que hay un incremento en la fuerza muscular, en su intensidad de trabajo, etc, el sistema activa nuestras propias adaptaciones fisiológicas y propicia que nuestros huesos aumenten en densidad, resistencia e incluso ligeramente en grosor.

Ello es debido a que ha de hacer frente a nuevas tensiones y cargas de trabajo auspiciadas por el sistema muscular.

Efectivamente, nuestro cuerpo es un “todo” y los órganos y sistemas están todos inter-conexionados.

Volvemos a proceso anteriormente mencionado de “Acción – Reacción”, imprescindible para nuestra evolución y mejora como deportistas.

Efectos a nivel articular:

Así como los sistemas del cuerpo humano están conectados, de igual modo lo están los huesos y músculos, a través de las articulaciones.

Los músculos, los tendones, los ligamentos, discos, meniscos, cápsulas, sinovias… se vuelven más eficaces.

Se produce un incremento y mejora de la lubricación articular y tendinosa.

En definitiva, se están adaptando a la nueva situación y nuevas cargas de trabajo, tanto en volumen del mismo como en intensidad.

 Efectivamente, el deportista (ciclista en esta ocasión) no puede ocultar su actividad deportiva, a poco que sea regular y constante en su preparación.

Todos estos cambios y procesos, además le permiten retrasar el envejecimiento celular y sistémico que se produce en las personas de vida sedentaria

Eso sí, se recomienda adaptar la intensidad y el volumen de entrenamiento a nuestra edad, estado de salud, condición física y objetivo que tengamos planteado.

Abusar del entrenamiento, bien en intensidad, o bien en resistencia cuando no se está suficientemente adaptado, es contraproducente y puede ocasionar lesiones musculares, esqueléticas o articulares que retrasen nuestro progreso, o que incluso nos obliguen a suspender nuestra actividad deportiva.

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