Leyendas urbanas sobre las dietas

Con el asunto de la alimentación, ocurre como con el fútbol. Todos decimos saber de él, pero a la hora de la verdad, solemos estar bastante alejados de la ciencia del fútbol, o de la dieta en este caso.

Tal es así, que “el saber popular” ha hecho que las costumbres se hagan leyes, y demos por “ciertas”, muchas afirmaciones que están absolutamente equivocadas, y que la ciencia se ha preocupado en confirmar o desmentir convenientemente.
Vamos con unos ejemplos:

Para adelgazar, lo ideal es hacer una sola comida al día.

FALSO.

En otros artículos hemos mencionado la conveniencia de hacer 5 comidas al día para acelerar el metabolismo. Una sola comida al día, además de ser inapropiado por reducir notabilísimamente el metabolismo, haría casi imposible aportarle al organismo en tiempo y forma todos los nutrientes y macronutrientes que precisa para su correcto funcionamiento.

La fruta no engorda.

FALSO

En general, engorda menos que otros alimentos, pero hay algunas frutas que sí engordan bastante, como los higos o los plátanos, debido a que las frutas tienen carbohidratos, y algunas como las citadas, en cantidades ciertamente altas. Incluso hay personas que recurren a la fruta para hacer de ella, plato único y copioso para la cena. Momento del todo inapropiado para cargar al organismo con una fuente única de carbohidratos (energía), para irnos a dormir plácidamente y ese combustible no utilizado, pase a formar parte de nuestro tejido adiposo.

Hay alimentos que adelgazan, porque “se comen la grasa” o porque se gasta más energía en digerirlos que la que dan.

FALSO

Todos los alimentos aportan calorías, aunque, como se sabe, unos más que otros. Cierto es que la digestión de cada alimento, puede ser muy diferente en duración, sobre todo. Pero la diferencia de consumo energético es inapreciable como para hacerla responsable del adelgazamiento por sí mismo.

Las vitaminas engordan.

FALSO

No sólo no engordan, sino que son fundamentales para nuestra salud. Las vitaminas no aportan calorías por sí mismas. Otra cosa es que un alimento con vitaminas engorde, pero no engordará por ellas, sino por su contenido en grasas, hidratos o proteínas.

Para adelgazar, conviene no comer pan.

FALSO

No es del todo cierto, puesto que el pan aporta nutrientes importantes, como hidratos, fibra, proteínas y ciertos minerales.
Tendremos que ser cuidadosos en valorar en qué momento de la jornada nos interese implementarlo en nuestra alimentación y en qué momento pueda llegar a ser inapropiado.

Las bebidas con gas engordan.

FALSO

Tenemos que diferenciar dos cosas:
El gas que contienen, no engorda directamente, pero sí que propicia la retención de líquidos. Pero cierto es que, retener líquidos no es engordar propiamente, porque no acumulas grasa, pero estéticamente viene a ser lo mismo, porque aumentas de talla, casi con toda seguridad.
Otra cosa es que, además de gas, contengan azúcares, como la mayoría de los refrescos. En este caso, además de retener líquidos, corremos el riesgo de engordar si no tenemos en cuenta que nos añade calorías a la ración diaria. O, como hemos citado en anteriores artículos, sean bebidas alcohólicas.
Además nos puede ocasionar flatulencia y alteraciones gástricas importantes.

No se debe comer entre horas

FALSO

Venimos diciendo que conviene comer varias veces al día, al menos cada 3 horas. Lo que sucede es que, al comer entre horas, le llamamos ingerir alimentos de alto contenido calórico (frutos secos, panes, refrescos, bollería, etc.)

El agua engorda, si se toma durante las comidas

FALSO

El agua no aporta ni una sola caloría al organismo. Por eso es magnífico para regular el peso corporal del individuo, ya que favorece la limpieza del sistema depurador del cuerpo.
Lo que sí dificulta es la digestión de los alimentos si se abusa de ella en la hora de la comida, ya que una alta cantidad de agua en el estómago, diluye la concentración de ácidos que el organismo segrega para la correcta disolución de los alimentos, pudiendo provocar molestias gástricas, así como ralentizar el proceso digestivo, haciendo que se prolongue demasiado y se lleguen a oxidar y por lo tanto, perder parte de los beneficios que esos alimentos nos iban a aportar.
Además, el agua nos ayuda a obtener una más que interesante sensación de saciedad, que evita la tentación de acudir a la despensa a llenar esa sensación de vacío que, en ocasiones, una dieta exigente nos pueda llegar a producir.
De hecho, todas las dietas recomiendan beber una buena cantidad de agua a diario, del orden de 2 a 3 litros diarios.
Tampoco es cierta la creencia ampliamente arraigada entre personas a régimen, de que beber mucha agua adelgaza porque elimina grasas del organismo.

Sudar adelgaza.

FALSO

Sudar no es más que perder líquido mediante los poros de la piel, para refrigerar al organismo. Se pierde más peso, es cierto, pero sólo de agua, que se recupera en cuanto se bebe lo necesario. Únicamente el ejercicio realizado nos hace quemar calorías, con independencia de que se sude mucho o poco.

Con la edad, es inevitable engordar

FALSO

Lo que ocurre es que, con el paso de los años, sobre todo a partir de los 40 años, el metabolismo tiende a ralentizarse. Si seguimos comiendo lo mismo y además reducimos la actividad física, engordaremos inevitablemente.
Por ello, hay que comer, la cantidad de calorías justa y necesaria en función de nuestro consumo diario. A menor consumo, menor ingesta.

La sal engorda.

FALSO

La sal, no aporta calorías, por lo tanto no engorda directamente. Lo que sí ocurre, es que favorece la retención de líquidos, y por ello, puede ocasionarnos un aumento de peso y volumen, nada deseable generalmente.
Además de suponer un riesgo vascular, al incrementar la tensión arterial.

Para adelgazar hay que pasar mucho hambre.

FALSO

Como hemos dicho en otras oportunidades, conviene comer varias veces al día. Es muy probable, que bajo una buena supervisión profesional de la dieta, al principio algunos individuos digan “¿pero con tanta comida voy a adelgazar?”. No se trata tanto de la frecuencia de las comidas, como de la suma total de las calorías que lo integran.
Otra cosa es, que tengamos que controlar el “sincio” de aquellos alimentos que echemos en falta (chocolates, dulces en general o lo que cada individuo tenga como preferencias gastronómicas).

La obesidad se hereda

FALSO EN PARTE.

Cierto es que, en casos muy concretos (por debajo del 25%) la obesidad de un individuo tenga que ver con su componente genético.

Más bien, son los hábitos o costumbres alimenticias y de actividad, las que determinen el grado de obesidad que se llegue a alcanzar.
Una persona que se nutra adecuadamente, y realice cierta actividad física de manera regular, debería mantenerse dentro de los parámetros físicos que se estiman como idóneos para el ser humano.
Caso aparte sería, aquél individuo que tenga problemas hormonales (Tiroides), u otro tipo de alteraciones, que sean susceptibles de tratamiento médico.
El sedentarismo y la dejadez alimenticia son, en la mayoría de los casos, los verdaderos culpables del incremento de peso de la población española en los últimos años.

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