Huye del perfeccionismo. Simplifica.

Lo perfecto no existe. Lo entiendo, esta entrada puede resultar desilusionante, y muchos antes de leer lo que sigue es posible que os mostréis escépticos acerca de la afirmación que acabo de hacer. Pero así es.

El ser humano, como tal, es un animal imperfecto. Tenemos nuestros defectos, nuestras virtudes, mostramos diferentes aptitudes y poseemos diferentes actitudes. Nadie es perfecto.

Nos pasamos la vida intentando llegar a la perfección y en el ámbito deportivo no iba a ser menos. Queremos entrenar, comer, descansar de forma perfecta y eso es imposible. Lo único que conseguimos con esta visión del entorno y de nosotros mismos es una gran ansiedad por no lograr los objetivos propuestos.

A quién no le ha pasado, estás dos días sin entrenar porque llueve, y ya crees que toda la temporada se ha ido al traste. Y no, no es así, nadie pierde la forma por no poder salir dos días, ni por comer 120 gramos de arroz en lugar de 100, ni siquiera por dormir un día 1 hora menos de las que necesita. La mayoría, en el fondo lo sabemos, y aún así nos agobiamos cada vez que algo no marcha como debe.

¿Sois de esas personas a las que les supone un problema hacer la maleta? ¿Metéis dentro todo, el chubasquero en verano, y la crema solar en invierno? “Por si acaso…” Los días previos a una competición a una gran mayoría de los deportistas les da por cambiar todos los hábitos que han llevado hasta ese momento, para hacerlo mejor. Y ese es el error. Al final, el único resultado es que llegamos ansiosos a la carrera, no disfrutamos y en consecuencia no rendimos como debemos.

Si alguien os pregunta dos días antes de correr, qué debe comer, qué debe desayunar o qué debe meter en la maleta, respondedle que nada excepto su bici, su ropa (un mallot y un culote, las zapatillas y el casco) y la licencia. Incluso en invierno, con eso en la maleta podrías salir a competir. El resto, aunque puede ayudar, es prescindible, o es que acaso si se nos olvida la crema calentadora no podremos correr… ¡pues claro que sí!

Uno de los psicólogos más importantes de España, Rafael Santandreu, explica en su libro El Arte de no Amargarse la Vida que el ser humano no tiene ninguna necesidad, a excepción de la alimentación, el resto son deseos creados por nosotros mismos, pero perfectamente prescindibles. No puedo más que aceptar su opinión, no necesitamos nada más para ser felices. Ni el mejor móvil, ni el mejor coche, ni la mejor bici. Para argumentar esta reflexión, pensad: ¿nuestros antepasados eran menos felices que nosotros? No lo creo.

Albert Ellis uno de los grandes psicólogos mundiales dio a conocer en los años 50, la Terapia Racional Emotiva. Esta forma de terapia huía del perfeccionismo y de los pensamientos absolutistas (todos aquellos que empiezan por ‘debo’, ‘tengo’, ‘he de…’). Como él mismo explica todos estos pensamientos no hacen otra cosa que crearnos ansiedad. Nos pretenden hacer llegar a una perfección que no existe, y esto nos causa problemas.

Por ejemplo, “Tengo que entrenar 3 horas”. Este pensamiento es absolutista, lleva ímplicito el mensaje “si no hago 3 horas no habré entrenado lo suficiente”, y en caso de no cumplir las 3 horas, nos sentiremos mal. Lo que nos explica el psicólogo es que 3 horas está bien, 2: 55 también y 3:10 igual. Incluso si ese día no entrenamos podríamos seguir siendo igualmente competitivos y felices.

Como último apunte decir que es bastante frecuente que la primera pregunta que nos hagamos al leer este texto sea: “si dejo de esforzarme, ¿no me convertiré en un dejado, en un vago?” La respuesta no puede ser más contundente: NO. Simplemente será más feliz y rendirás mucho más, porque harás las cosas de la mejor forma posible, pero sin la presión de hacerlo perfecto. Sin sentirte frustrado cada vez que no consigues esa perfección que anhelas.

Esa es la conclusión que se debe extraer de esta lectura. Dentro de la imperfección, de la nuestra, debemos intentar hacerlo lo mejor que podamos siempre. Pero recuerda, nada ni nadie es perfecto.

Joan Sanchís Zaragoza

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