El Dolor y el deportista.

Si al final de una etapa decisiva del Tour entrevistásemos a los tres primeros y les preguntásemos que nivel de dolor, de sufrimiento, han alcanzado, en una escala de 0 a 10, muy posiblemente los tres responderían que han llegado al valor máximo. Aunque los tres corredores hubiesen llegado juntos, o separados, su percepción sería muy parecida.


¿Qué significa esto? Ni más ni menos que el dolor se produce en todos los deportistas que llevan al máximo a su cuerpo, independientemente de la velocidad que sean capaces de desarrollar. De un modo más gráfico, imagina una contrarreloj, todos aquellos que la disputen tendrán un nivel de dolor similar, pero su rendimiento será diferente.

Si practicas un deporte de resistencia aprender a sufrir es fundamental. Hay días en los que mantenernos a 180 pulsaciones nos puede parecer un mundo, y hay días que a mismo rendimiento podamos ir cómodos.

Incluso en una misma subida se pueden dar ambos casos, nos mantenemos a rueda de nuestro rival durante la práctica totalidad de la ascensión, concentrados, y confiados en que vamos a aguantar y a pocos kilómetros de la cima, nos desconcentramos, empezamos a pensar que no aguantaremos, y nos dejan atrás.

Asimismo, quién no ha experimentado mayor sensación de bienestar y rendimiento cuando rueda en grupo que cuando se entrena en solitario. Aunque vayamos al mismo pulso y estemos desarrollando la misma potencia, si un día vamos acompañados y el otro no, la percepción del dolor será totalmente diferente.

Antes de enseñaros algunas técnicas para mejorar la capacidad de sufrimiento, y el manejo del dolor no quiero pasar por alto un punto clave como es el valor positivo que éste nos aporta. Sin dolor no estaríamos aquí, nos ayuda a no superar límites que serían perjudiciales para nuestro cuerpo, nos alerta de hasta dónde podemos llegar. Por ejemplo, el dolor que sentimos al lesionarnos un músculo nos impide seguir moviéndolo y que el problema empeore.

Respecto a este último punto, hace poco leía que Javier Otxoa, el ciclista de Kelme, a consecuencia del accidente que tuvo y en el que falleció su hermano, ha adquirido una discapacidad que le impide sentir dolor, y debido a ello se encuentra constantemente controlado por los médicos cuando realiza deporte.

En definitiva, el dolor nos protege.

Como se ha expuesto anteriormente, hablando siempre de los límites normales que como seremos humanos tenemos, el umbral de sufrimiento se puede modificar. Con este trabajo lograremos mejorar nuestro rendimiento ya que podremos entrenar mejor. Además, en las competiciones, el tolerar mejor un esfuerzo, nos permitirá obtener un mejor resultado.

Algunas de las técnicas que nos ayudarían a manejar mejor el dolor son las siguientes:

Atención/ concentración en el deporte

1. Asociar el dolor al rendimiento. Pensar que es normal que estemos sintiendo ese dolor porque se va a un ritmo muy alto.

2. Centrarnos en aspectos relevantes para rendir en el deporte que estemos practicando dejando de lado los pensamientos inútiles. Podemos pensar por ejemplo, en la técnica de pedaleo “pedal arriba, pedal abajo”.

Distracción del ejercicio

1. Podemos utilizar la técnica de autoinstrucciones o de parada del pensamiento, las explicaré más adelante, pero consisten sencillamente en, cambiar los pensamientos negativos acerca del sufrimiento “cómo me duelen las piernas” por otros cómo “vamos, ya estoy casi arriba”.

2. Pensar en otras cosas como por ejemplo, la comida que vamos a hacer después, una canción, o en nuestra respiración.

El dolor total, es la suma del dolor real más el dolor subjetivo. Esto quiere decir que es un parámetro, muy influenciable por nuestro estado emocional, y en consecuencia lo podemos manejar, y regular si trabajamos en ello de forma constante.

 Joan Sanchís Zaragoza

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