El deportista y el cansancio, la fatiga o sus variantes

Todos los individuos que de una u otra manera han acometido cualquier tipo de entrenamiento o preparación física de manera más o menos regular, han terminado diciendo alguna de las siguientes afirmaciones: “Estoy cansado; Estoy agotado; Tengo fatiga…”

Así mismo, los citados individuos, tengan más o menos experiencia, hayan “metido” más o menos horas, le dan al cansancio el papel de “mal necesario”. Es decir, se trata de una condición sine qua non e inherente a la citada actividad deportiva.

Ciertamente, para cada deportista, el cansancio o la fatiga se manifiesta de manera dispar, ya que como ocurre con el dolor, el umbral de fatiga o cansancio no se exterioriza de la misma manera.

Dado que el nivel de cansancio, el nivel de fatiga, etc tiene también una parte subjetiva muy importante, ¿es posible objetivarlo?, es decir ¿podemos medirlo de alguna manera?, ¿hay algún mecanismo de control?.

En principio podemos tener algunos indicadores al respecto. Sin entrar en mayor detalle, alguno de ellos podría ser:

  • Los niveles de Lactato pueden ser una muy buena pista para reconocer el nivel de fatiga muscular del deportista, aunque no siempre es determinante, porque el estado de forma del atleta puede alterar la interpretación del citado indicador.
  • La creatinina no mide el nivel de fatiga exactamente, pero nos indica el daño muscular que se ha producido tras una carga determinada de trabajo.
  • La CPK Creatinfosfokinasa, enzima que se dispara cuando se han producido daños a nivel muscular, también nos pone en la pista.

¿Por qué tenemos cansancio, fatiga, etc.?, ¿Cuál es su objetivo, para qué sirve?

La respuesta parece muy clara. Al igual que sentimos dolor ante la presión, ante un corte, ante el contacto con un cuerpo a temperatura elevada, etc, la fatiga la entendemos como un elemento de alarma ante la previsión de algún tipo de daño.

El daño que nuestro organismo está tratando de evitar mediante este mecanismo de alarma, no es otro que la rotura muscular, en primer caso, y daños sistémicos potencialmente más graves en segundo término, tales como daños cardíacos, estructurales (articulares principalmente), pérdidas de conocimiento, mareos, desorientación, etc.

De ahí que sea importante que todo aquel individuo que practique o se plantee la práctica deportiva continuada, acuda con regularidad anual o semestral a someterse a pruebas de esfuerzo o ergometrías, así como a las pertinentes analíticas que verifiquen que el entrenamiento está yendo en la dirección adecuada y no esté comprometiendo la integridad física del deportista.

 

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