El deporte base y los valores

El deporte base conlleva una actividad física, que bien enfocada posee un gran poder socializador. El compañerismo, el espíritu de sacrificio, la lucha, el saber ganar y perder, han de ser valores inherentes a la propia actividad deportiva.

Sin embargo, en la actualidad, la actividad física y deportiva ha sido adoptada por la industria del ocio y el tiempo libre.

Los objetivos de los niños y niñas han cambiado y se les ha inculcado una relación directa entre deporte y su futura profesión. Se está pasando por alto la práctica deportiva de base, como pura afición.

Esta situación está provocando que, cada vez, haya un abandono más prematuro de la práctica deportiva en los niños y niñas.

Al mismo tiempo, y por las razones citadas anteriormente, el juego limpio está pasando a un segundo plano y se está imponiendo el principio de “ganar a cualquier precio”.

Los niños y niñas están siendo sometidos a la presión del ganar como valor en sí mismo, y está ocasionando que lo practiquen con un desmesurado temor a la derrota.

La influencia al menor, le llega desde varios ámbitos:

  • Los medios de comunicación. En ocasiones, el mensaje que les llega propicia la visión del deporte como mera actividad comercial y lucrativa.

  • El entorno familiar y/o educativo. Alguno de los miembros de su ámbito más próximo fomentan refuerzos no siempre adecuados, y en muchas ocasiones descontrolados e inconscientes.

  • La sociedad. En la actualidad, considera a la victoria como la única vía de prestigio, inculcando expectativas muy elevadas sobre el menor, que no siempre tiene la capacidad de gestionarlas convenientemente.

Para atajar este tipo de influencias, se debe de trabajar en varios aspectos, desde varios frentes:

  • Condenar los comportamientos antideportivos.

  • Reducir la importancia del resultado.

  • Hacer especial hincapié en la diversión de la práctica del deporte en sí mismo.

  • Fomentar la disciplina en lo deportivo.

  • Crear una atmósfera tolerante.

  • Transmitir valores en la práctica deportiva, otorgándole valor educativo.

  • Motivar sin presionar.

En definitiva, debemos evitar que los inicios de la actividad deportiva de los niños y niñas tengan como objetivo, el éxito final. Estamos logrando, entre todos, que la búsqueda de la técnica más depurada, convierta el juego en trabajo, y no en diversión.

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